Arte que comunica sin palabras y transforma entornos

Galería de Obras

Cada obra es un espacio abierto de diálogo entre el espectador y la sensibilidad estética. Explorá la búsqueda constante de autenticidad y energía en la obra de Virginia Prieto Poloni.

El Alba

El alba es una obra donde el color se convierte en lenguaje emocional. A través de superposiciones vibrantes, veladuras y trazos enérgicos, la pintura construye una atmósfera en constante movimiento, como si captara el instante en que la luz comienza a abrirse paso.

La composición evita la figura reconocible para concentrarse en la sensación: una transición entre oscuridad y claridad, entre quietud y despertar. Los tonos rosados, amarillos, azules y turquesas dialogan con blancos y grises, generando un ritmo visual que recuerda la inestabilidad delicada de las primeras horas del día.

En El alba, la artista propone una experiencia sensorial más que una representación literal. La obra invita a contemplar el nacimiento de un nuevo tiempo, entendido no sólo como un fenómeno luminoso, sino también como una metáfora de transformación, esperanza y comienzo.

Medidas: 1x1mts – Año de creación: 2025

Disociación

La obra “Disociación” se despliega como un entramado vibrante que remite a un abstraccionismo gestual contemporáneo, donde la fragmentación no es solo un recurso formal, sino el eje conceptual que sostiene toda la pieza. A diferencia de una composición que busca unidad o síntesis, aquí la imagen se construye desde la multiplicidad, la interrupción y el cruce constante de capas.

El uso del color es central: una paleta saturada —magentas intensos, azules eléctricos, amarillos ácidos y blancos que irrumpen— genera un campo visual dinámico, casi sobrecargado. Lejos de organizarse de manera armónica, estos colores coexisten en tensión, superponiéndose y compitiendo por la atención. Las marcas negras, dispersas y rítmicas, funcionan como acentos o cortes, introduciendo pausas que, en lugar de ordenar, refuerzan la sensación de discontinuidad.

El título orienta la lectura hacia un plano psicológico. “Disociación” sugiere una experiencia de desdoblamiento, de pérdida de continuidad entre partes que deberían integrarse. Esta idea se traduce visualmente en la imposibilidad de fijar un punto de anclaje: la mirada no encuentra descanso, se desplaza constantemente entre fragmentos que parecen autónomos pero que, al mismo tiempo, forman parte de un todo inestable.

La estructura de la obra recuerda, en ciertos momentos, a una trama urbana o a un mosaico en constante mutación, donde cada gesto pictórico actúa como una unidad independiente. Sin embargo, esa aparente organización se desarma rápidamente: los límites se diluyen, las capas se filtran unas en otras y la pintura se vuelve un campo de simultaneidades.

“Disociación” no representa una ruptura violenta, sino un estado persistente de desarticulación. Es una pintura que pone en escena la dificultad de integrar, de sostener una narrativa única, proponiendo en su lugar una experiencia fragmentaria, intensa y abierta, donde el sentido no está dado, sino que se construye en el recorrido de la mirada.

Medidas: 1x1mts – Año de creación: 2025

Maltri

La obra “Maltri (mal trigo)” se inscribe dentro de un lenguaje claramente vinculado al expresionismo abstracto contemporáneo, con gestos que también dialogan con el action painting y ciertos recursos del arte matérico. La artista trabaja desde la superposición, la tensión y el accidente controlado, construyendo una superficie donde el color no solo ocupa, sino que irrumpe.

El amarillo dominante —intenso, casi invasivo— remite de forma inmediata al campo, a lo fértil, a lo vital. Sin embargo, ese mismo color, saturado y llevado al límite, deja de ser amable para volverse inquietante. Sobre esa base aparecen verdes densos, negros gestuales y veladuras grises que parecen cubrir, borrar o interferir. Esta dinámica genera una contradicción visual que sostiene el sentido de la obra: lo que debería crecer sano, se contamina; lo que promete abundancia, se vuelve incierto.

El título introduce una clave interpretativa directa pero no literal. “Maltri” —mal trigo— sugiere una anomalía en lo esencial, una falla en el origen. No hay aquí una representación figurativa del campo, sino una evocación emocional y conceptual: la idea de un terreno alterado, de una naturaleza intervenida o de un proceso que se desordena. Las capas de pintura funcionan como huellas de esa perturbación, donde lo orgánico y lo artificial entran en fricción.

En términos compositivos, la obra evita un centro claro y se despliega como un paisaje fragmentado, casi urbano en su ritmo vertical, pero profundamente natural en su energía. Hay goteos, arrastres, cortes y transparencias que construyen una sensación de movimiento constante, como si la imagen estuviera en proceso de transformación.

“Maltri” no busca describir, sino provocar: es una pintura que habla de desequilibrio, de tensión entre crecimiento y deterioro, entre lo que debería ser y lo que finalmente es. En esa incomodidad reside su fuerza.

Medidas: 1×1,20mts – Año de creación: 2025

Templo

En esta obra, la noción de “templo” se desplaza de lo arquitectónico hacia lo íntimo. No hay muros ni estructuras reconocibles: el espacio sagrado emerge del gesto, del ritmo y de la intensidad cromática. La pintura se organiza como un vórtice en expansión, donde las pinceladas curvas y superpuestas generan un centro inestable, casi ritual, que invita a la contemplación activa.

El uso del color es decisivo: amarillos vibrantes que irradian energía, magentas que tensan la superficie y azules que atraviesan la composición como corrientes de aire o pensamiento. Esta convivencia de contrastes no busca armonía clásica, sino una especie de equilibrio dinámico, donde lo caótico encuentra su propia lógica interna.

“Templo” se presenta así como un territorio de tránsito: un lugar donde lo emocional y lo corporal se entrelazan. Las capas de pintura, a veces densas y otras casi transparentes, sugieren huellas, insistencias, intentos de construcción y de borrado. Como en todo espacio sagrado, lo importante no es la forma final sino la experiencia que provoca: una inmersión en el movimiento, en la energía y en la posibilidad de encontrar, dentro del desorden aparente, un centro propio.

Medidas: 1×1,20mts – Año de creación: 2025

Oráculo

En esta obra, la idea de oráculo no se presenta como una voz única ni como una verdad revelada, sino como una multiplicidad de fragmentos y vibraciones que coexisten en tensión. La superficie pictórica se construye a partir de capas superpuestas de color que parecen fluir verticalmente, como si el tiempo mismo descendiera sobre el lienzo en forma de materia.

Los tonos intensos —fucsias, turquesas, amarillos y violetas— configuran un campo energético en constante transformación. Sobre este fondo dinámico, una serie de formas circulares dispersas irrumpen como puntos de atención: pequeñas presencias que evocan símbolos, ojos o partículas de información. No hay un mensaje evidente, sino una invitación a la interpretación, a la lectura intuitiva.

Una franja horizontal en tonos dorados atraviesa la obra, funcionando como eje o umbral. Este gesto introduce una pausa dentro del flujo, una línea de cruce entre lo visible y lo oculto, entre lo que se percibe y lo que se intuye. Allí, la pintura parece condensar su misterio.

“Oráculo” propone así una experiencia abierta: no busca predecir ni afirmar, sino activar la percepción. Como en los antiguos espacios de consulta, el sentido no está dado de antemano; se construye en el encuentro entre la obra y quien la observa. Aquí, el lenguaje es pictórico, pero la pregunta sigue siendo profundamente humana.

Medidas: 0,90×1,20mts – Año de creación: 2025

Saliente

“Saliente” se despliega como un punto de fuga en expansión, un momento de pasaje donde la pintura parece estar saliendo de sí misma. La composición, atravesada por gestos verticales fluidos y capas translúcidas, construye una superficie en constante desplazamiento, como si lo interno buscara emerger hacia la luz.

El color actúa aquí como un agente de apertura: amarillos luminosos, verdes vibrantes y magentas intensos conviven en una trama que no se fija, sino que se desliza. Entre esa dinámica, ciertas líneas más definidas —trazos oblicuos, casi incisivos— introducen dirección, señalando recorridos posibles dentro del aparente caos.

Hacia uno de los bordes, una zona más estructurada sugiere un umbral, un afuera posible. No se trata de un límite rígido, sino de un área de transición donde la pintura parece reorganizarse, como si estuviera a punto de convertirse en otra cosa. Ese “salir” no es ruptura, sino transformación.

La obra propone así una experiencia de tránsito: un estado intermedio donde nada está completamente resuelto. “Saliente” no muestra un destino, sino el impulso mismo de ir hacia, de desplazarse, de atravesar. En ese movimiento, la pintura se vuelve un acto vivo, abierto, en permanente devenir.

Medidas: 0,90×1,20mts – Año de creación: 2025

Explendor

“Explendor” se manifiesta como una irrupción de energía en estado puro. La superficie está atravesada por una lluvia vertical de color que no cae de manera pasiva, sino que vibra, pulsa y se expande. Las pinceladas, largas y fluidas, construyen un ritmo casi musical donde cada trazo parece responder a una cadencia interna, intensa y sostenida.

La paleta es decididamente luminosa: rojos encendidos, amarillos eléctricos y azules profundos se entrelazan en una convivencia que no busca descanso. Aquí el esplendor no es quietud ni perfección, sino exceso, saturación, una vitalidad que roza el desborde. La pintura no describe: acontece.

Entre las capas, pequeñas interrupciones —manchas, cortes, transparencias— introducen variaciones que evitan la uniformidad del gesto repetido. Son como destellos dentro del flujo, momentos donde la materia revela su proceso, su construcción.

La obra propone una experiencia inmersiva donde la mirada no encuentra un punto fijo, sino que se desplaza constantemente, absorbida por la intensidad del conjunto. “Esplendor” no se contempla a distancia: se siente como una presencia activa, un campo vibrante donde la luz y el color se convierten en una afirmación radical de lo vivo.

Medidas: 0,90×0,90mts – Año de creación: 2025

Rayuela

En “Rayuela”, la pintura se convierte en juego y recorrido. La superficie, extendida en formato horizontal, propone una lectura que no es lineal sino fragmentada, como una secuencia de saltos donde la mirada avanza, retrocede y vuelve a empezar. No hay un centro dominante: el sentido se construye en el tránsito.

Las pinceladas verticales, superpuestas y a veces erosionadas, configuran una especie de trama urbana o cartografía emocional. Los colores —verdes, azules, ocres y estallidos de rojo— aparecen como marcas, huellas de un desplazamiento más que como campos cerrados. Cada gesto parece registrar un paso, una pausa o un cambio de dirección.

La obra remite al juego infantil que le da nombre, pero lo resignifica: aquí no hay casilleros definidos ni reglas explícitas. El equilibrio es inestable, y el recorrido depende de quien observa. La pintura invita a “saltar” entre zonas de mayor densidad y otras más abiertas, a construir un ritmo propio dentro de la aparente dispersión.

“Rayuela” es, en esencia, una exploración del movimiento y la libertad. Un espacio donde la lógica se suspende y el azar, la intuición y la experiencia se vuelven protagonistas. Como en el juego, lo importante no es llegar a un final, sino habitar el recorrido.

Medidas: 0,60×1,20mts – Año de creación: 2025

Torción

“Torción” se presenta como un campo de fuerzas en tensión, donde la verticalidad dominante no implica estabilidad, sino todo lo contrario: un movimiento interno que se pliega, se estira y se reorganiza constantemente. Las pinceladas, aunque mayormente descendentes, no caen de forma uniforme; se curvan, se interrumpen y se superponen, generando una sensación de torsión latente en toda la superficie.

La paleta es amplia y vibrante, pero aquí el color no estalla, sino que se entrelaza. Verdes, turquesas, amarillos y rojos conviven en capas que se rozan y se contaminan, como si cada tono estuviera siendo afectado por el contacto con el otro. Esta interacción cromática refuerza la idea de transformación continua, de una materia que no permanece fija.

En distintos puntos, la pintura se espesa o se diluye, dejando ver rastros del gesto, huellas del proceso. No hay un centro claro, sino múltiples focos de tensión que obligan a la mirada a desplazarse, a buscar equilibrio en un territorio que se resiste a fijarlo.

“Torción” no representa una forma: encarna un estado. Es la imagen de algo que está siendo atravesado por fuerzas opuestas, que no se quiebra pero tampoco se aquieta. En esa resistencia dinámica, la obra encuentra su potencia: una energía contenida que se expresa en cada trazo, en cada cruce, en cada desvío.

Medidas: 0,80x1mts – Año de creación: 2025

Runa

“Runa” se construye como un sistema de signos abiertos, donde lo simbólico no se fija en un significado único, sino que se despliega en múltiples direcciones. La obra introduce elementos reconocibles —ojos, formas orgánicas, figuras que remiten a lo animal o lo ritual— pero los sitúa en un territorio inestable, donde lo figurativo y lo abstracto conviven sin jerarquías.

Los ojos, repetidos en distintas escalas, funcionan como núcleos de percepción. No solo miran: parecen activar la pintura, como si fueran puntos de conexión entre distintos planos de conciencia. La presencia de la lágrima, sutil pero contundente, introduce una dimensión emocional que atraviesa la obra sin volverse narrativa.

El color, intenso y vibrante, sostiene esta tensión entre lo lúdico y lo enigmático. Amarillos, verdes y magentas se entrelazan con gestos más gráficos —líneas, contornos, inscripciones— que recuerdan a lenguajes arcaicos o códigos personales. La palabra “LOVE”, casi oculta, aparece como un anclaje afectivo dentro de este universo simbólico.

“Runa” no busca ser descifrada en términos racionales. Como las escrituras antiguas a las que alude su título, propone una lectura intuitiva, donde el sentido emerge en la experiencia. Es una obra que se activa en la mirada del otro, invitando a interpretar, a sentir y a proyectar, más que a concluir.

Medidas: 1×0,80mts – Año de creación: 2025